País
Idilio financiero e infierno productivo
Se reedita, incluso reforzada, la dicotomía que definió a buena parte de los primeros dos años de gobierno libertario.
Por Federico Kucher/PÁGINA 12
El equipo económico termina el año entusiasmado con volver a los mercados internacionales de deuda en el cortísimo plazo. La semana pasada anunció un cambio en el esquema de bandas cambiarias que era reclamado a viva voz por el Fondo Monetario Internacional y buena parte del mercado. Se empezará a ajustar el techo de la banda cambiaria al ritmo de la inflación, al mismo tiempo que habrá un esquema de recompra de reservas. Los bonos soberanos volaron y el riesgo país perforó los 600 puntos básicos.
El gobierno dio el brazo a torcer con su idea de mantener casi inalterado el techo del tipo de cambio con subas del 1 por ciento al mes, una cifra que es menos de la mitad que la inflación. El FMI y los inversores aseguraban que era una propuesta insostenible con el correr de los meses y que antes o después iba a terminar en una devaluación. A partir de ahora, el techo de la banda cambiaria ajustará en línea con los precios, en torno al 2,5 por ciento.
El cambio de la estrategia monetaria provocó una ola de compra de bonos soberanos, con saltos en la semana de más del 4 por ciento y algunos títulos que ya se ubica en torno del 80 por ciento de la paridad. El furor por los bonos soberanos permitió que el riesgo país baje hasta los 570 puntos y empieza a coquetear con niveles que le permitirían al gobierno anunciar una colocación de nueva deuda para refinanciar vencimientos de capital.
Durante las últimas semanas hubo un primer ensayo, al anunciarse una emisión de casi 1000 millones de dólares de un bono soberano bajo ley local. Sin embargo, esa colocación no tuvo casi repercusión porque había sido arreglada previamente con los inversores y no movió el riesgo país. En cambio, el anuncio de la semana pasada sobre las bandas cambiaria y el plan de recompra de reservas fue un disparador de optimismo para los bonos. El miércoles pasado, el índice del JP Morgan toco el punto más bajo en 7 años.
Hasta acá parecería que el gobierno atraviesa un momento idílico, bucólico, en el que todo se acomoda y se vuelve paz y tranquilidad. Pero esta imagen es absolutamente parcial porque contempla únicamente las expectativas y anhelos pasajeros del mundo de las finanzas. El principal punto de tensión e inconsistencia es que en la Argentina existe otra realidad: la de la economía real. Una realidad que se encuentra lejos de la armonía.
Un ejemplo es que, al mismo tiempo que el riesgo país bajaba la semana pasada a los menores niveles desde 2018, el Congreso intentaba dar los primeros pasos para la reforma laboral. Las calles del microcentro porteña se llenaron con movilizaciones de rechazo y permiten recordar que el país no vive de las finanzas, sino que tiene una historia productiva.
La industria atraviesa una crisis traumática, con impacto en el mundo laboral y antes o después disparará el descontento social. El país vivió repetidamente estos episodios de euforia en los bonos y acciones que no tienen correlato con la actividad y con el mercado interno. Y los resultados siempre son los mismos. En el mercado todos compran sin miramientos ni preguntas, hasta que se percibe el cambio de humor de la sociedad (se supera el umbral de hartazgo). Cuando llega ese momento, el desplome ocurre en un abrir y cerrar de ojos.
