País
Los “chorros” de la UBA y sin universidad no hay patria
PorJosé Luis Lanao/PÁGINA 12
Cuando Messi dijo aquello que “no se llega a fin de mes”, lo que en realidad estaba diciendo es que habíamos perdimos “poder adquisitivo”. Si usted es más pobre hoy que ayer, limítese a decir que ha sufrido “una pérdida del poder adquisitivo”. Va contribuir a la creación de una atmósfera de paz, tan necesaria en las situaciones de crisis. “Pérdida del poder adquisitivo” posee un toque de carácter impersonal, como quien dice en el ascensor “parece que refresca”.
Hoy ir de compras constituye un modo de asistir a la emisión de un noticiero alternativo. Hay quien se queda mirando en silencio las piezas de carne con gesto de resignación. Ayer me acerqué a una señora que iba y venía, pobre, sin comprar nada, porque nada se ajustaba a su presupuesto y le pregunté si notaba la pérdida de poder adquisitivo. “La pérdida de tu madre”, dijo.
La UBA, ya saben, viene perdiendo poder adquisitivo hace tiempo, por culpa de “unos chorros que no van a tener paz en Argentina”, según palabras de Milei. “Nunca se quiso privatizar y nunca se puso en consideración el arancelamiento”, expresó el presidente. Falsear deliberadamente los hechos no es distintivo de nuestra época. Su uso es tan viejo como los “arcana imperii”, concebidos como medios legítimos de ocultación de la “verdad” con un fin político. Y es algo que no conviene banalizar, pues la excepción señala el límite; y el límite está ahí aunque la excepción no aparezca.
En 1995, Maradona se presentó en la UBA para rechazar los recortes presupuestarios del gobierno de Menem. Hizo jueguitos con una pelotita de papel en un aula cansada, con la lengua afuera, para decir que “sin universidad no hay patria”. No era una visita institucional, el país discutía la Ley de Educación Superior. El martes 6 de octubre, Lionel Messi, recibió la medalla y el diploma como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. Con la medalla en la mano y la despedida por delante dijo: “Nunca imaginé tener algo así, que no tiene que ver –o sí– con el fútbol”. Es tan necesario educar el ojo con momentos como con ideas. El “honoris” ensancha el mundo y moldea los pensamientos de quien lo recibe.
El gobierno no habla de diagnósticos ni de estrategias porque obligaría a reconocer que el objetivo no es mejorar la universidad pública, sino reducirla hasta hacerla irreconocible. Utiliza la presión financiera para sumergirlas en un “terror existencial” que fortalece la única opción viable: la de rendirse. Quienes denuncian la supuesta ideologización de la universidad pública han construido, mientras tanto, su propio circuito de legitimación ideológica: las pseudouniversidades. Maleables espacios de poder que certifican a quienes las financian, y solvencia a quienes las necesitan, fabricando una apariencia de mérito y produciendo, en suma, la verdad que conviene.
De ahí que la UBA resulte incómoda, porque su verdad no tiene dueño: no responde al Gobierno, ni al mercado, ni al líder del momento; responde a métodos propios de evaluación y contraste. El embiste presidencial forma parte de la gramática de la posverdad: invertir las categorías de víctima y agresor hasta que quien asfixia parezca liberar, y quien resiste aparezca como amenaza. No estamos presenciando simplemente un ataque a la universidad, sino un asalto frontal a las condiciones que hacen posible el pensamiento libre.
(*) Ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón mundial 1979
