Política
¿Un virus Neoliberal?
Por: Diego Gaston Ergas
Para el Chubutense
Comunes denominadores de la desestabilización en 2001, 2008 y 2020 en Argentina.
Incendios de Bosques Nativos, clones transgénicos de soja, shocks inflacionarios y cambiarios, poder mediático criminal, descrédito de cifras y estadísticas, desestabilizaciones al poder de representación popular. Factores comunes y cíclicos fogoneados por los diseñadores del Virus de la Desinformación y la Confusión, durante la actual Contingencia de Salud Pública Covid 19.
En Argentina hemos transitado ya 8 meses de pandemia, como corolario de una crisis económica de dimensiones similares al año 2001, impuesta durante 4 años (2015- 2019) por los mismos sectores concentrados de la economía interna y trasnacional agroexportadora de intermediación supermercadista, financiera y mediática.
Estos sectores, que históricamente han manipulado desde la sombras, fueron claramente visibilizados y expuestos en Argentina durante la gestión de CFK, e interpelados y puestos a consideración de la ciudadanía a partir de la crisis del campo de 2008. Factores de poder del mercado, la justicia y los medios, quienes reaccionaron con intención desestabilizadora al ser afectadas sus ganancias y rentas obscenas, manifestándose desde sus posiciones en instituciones intermedias a nivel nacional como la Sociedad Rural Argentina, grupos de medios de comunicación como La Nación y Clarín , y el poder político Macrista entronizado en la corporación judicial; quienes, esgrimiendo defensas corporativas y financieras, se pronunciaron ante el aumento de impuestos de retenciones agropecuarias vía la ley 125 (ley anclada en un decreto creado por el genuino radical Arturo Illia en 1964), modificada y ejecutada con actualización de alícuotas en 2008 por el entonces ministro economía Martin Losteau, meritócrata sin principios políticos, y cooptado hoy por los candiles y monitores de las luminarias porteñas de la Alianza Pro-Cambiemos.
El año 2008 fue el punto de inflexión en donde empezaron a visibilizarse las intenciones políticas, contrarias a los intereses populares, de ciertos personajes nefastos de la historia reciente, dictatorial y democrática de nuestro país, como Macri, Etchevehere, Duhalde, Peña Brawn, De Angelis, etcétera, quienes por todos los medios posibles boicotearon e incitaron a la conflictividad social, sobre la continuidad de una gestión que hizo resurgir y crecer a la nación desde las cenizas del 2003.
Desde 2008 en adelante, los conflictos sociales, el periodismo de guerra, los shocks económicos y los cortes de ruta fueron claramente incentivados por quienes, en ese entonces, manipularon corporativamente -mesa de enlace mediante- la unidad y las instituciones que representan al campo argentino, para piquetear y parar el país sobre dos largos meses en medio de una de las mayores crisis económicas del planeta, la caída de Lehman Brothers, actitud opositora constante y mal intencionada que continuaron durante largos siete años, con el objetivo de perjudicar la imagen oficial y contaminar el humor social factor anímico clave de la población para la reconstrucción y los consensos sociales.
A pesar de ello, el gobierno popular no cayó como tantas veces en la historia y terminó siendo vitoreada su gestión a fines del 2015, habiendo resistido los embates con bajo nivel de endeudamiento, mejora de la calidad de vida de la ciudadanía, movilidad social ascendente y tantas otras conquistas sociales. Un legado de12 años que, como herencia a la par de la concientización de la sociedad, quedó como capital simbólico en el alma del pueblo argentino.
En las elecciones 2015, la Alianza Cambiemos se presentaba a elecciones democráticas con un discurso de marketing, coaching ontológico y neurociencia falaz y perverso, convenciendo y engañando al electorado, arribando al poder del Estado mediante un contrato electoral falso que fraguaron, tal como habían hecho durante los años 90 en todo el Continente Latinoamericano, por entonces en Argentina hospedaban al partido peronista Menem-Duhaldista como herramienta electoral.
La farsa exhibida en 2015 tenía, como variante de sus clásicas intervenciones a través del poder cívico militar, en tantos ciclos del devenir político de argentina, que esta vez era impulsada a cara descubierta por quienes necesitaban nuevamente saltar y atender el estado de ambos lados del mostrador, para acomodar sus saqueos históricos a través de blanqueos de capitales espúreos desde sus paraísos fiscales, provocar la corrida cambiaria a través del manejo de tipo de cambio y el dólar blue (volúmenes de dólares en negro destinado a la especulación financiera y a producir la tensión del tipo de cambio y la estampida del precio del dólar oficial para generar devaluación), el aumento de precios en la espiral inflacionaria, sumado a la tensión de precios provocada desde la cartelización de la cadena de intermediación supermercadista, etc. Panorama desolador y de tierra arrasada que quedó como resultado de cuatro años de estafa y saqueo… lo cual fue castigado por el pueblo en las urnas a finales de 2019.
Durante la presente pandemia, ya transitando el año 2020 y el gobierno de AF, la desestabilización e inescrupulosidad de quienes perdieron las elecciones se ejecutó nuevamente, con personajes operadores de la farándula mediática, dirigentes opositores incapaces y de baja estofa, periodistas mercenarios y medios de comunicación. Todos ellos, con cinismo e hipocresía, han atentado nuevamente contra el oficialismo, en medio de una tragedia de salud pública sin precedentes, lo que determinó que en esta coyuntura comenzara a gestarse el concepto de infodemia.
El festejo del aumento de número de contagios y fallecidos por parte de periodistas menores, obsecuentes de turno, magnificados por el poder de propalación de las redes y medios, a través de los cuales siembran sus vanidades y destilan odio encapsulado en información mercancía y con alevosa irresponsabilidad social, nos hace reflexionar sobre la letalidad de la información, metralla implementada con malicia, de manera repetitiva, en cantidad y calidad de medios, con la intención de producir nuevamente zozobra política, confusión y desconcierto para desautorizar las medidas implementadas en bioseguridad por el gobierno, al punto de negar el virus, boicotear la cuarentena y contaminar informativamente los protocolos, politizando ideológicamente una catástrofe mundial con teorías absurdas y conspiranoicas de intención política demonizante atribuidas a China. Teorías distractivas destinadas a un sector apolítico de la población, objeto de la confección de un sentido común social que jibariza en pos de la manipulación de los mass media.
El teléfono descompuesto intencional mediático que puso en tela de juicio cifras, datos y consejos de las autoridades sanitarias desde el inicio de la pandemia, ha vuelto a ser, como otrora, una herramienta generadora de descrédito político.
La articulación perversa de estas políticas, en cabeza de la Derecha Republicana con filial en la Argentina liderada por Macri (y a nivel local en Comodoro Rivadavia su referente política Ana Clara Romero, Richie Astete representando a Radio Mitre Grupo Clarín, asi como Ana Tronfi de ADN Sur, sucursal mediática de Diario La Nación en tándem y operando para el Pro).
Dichas actitudes miserables que apuntan a enrarecer el humor social, han logrado producir en la población un creciente nivel de desconsideración y relajación, con la lógica consecuencia del aumento de contagios, colapsando a sanatorios y hospitales, con las letales consecuencias que son de dominio público. Con el diario del lunes atentaron contra la organización social del país, criticando el manejo de una pandemia a la que calificaron en sus usinas de producción de sentido como “eterna”, a la vez que le adjudicaban una intención “enamoradiza”, con la típica finalidad de desgastar la representación política, y jugar un “gran hermano” en medio de una tragedia, donde la calificación, la nominación y la expulsión se traducen a la hora de las encuestas y los actos eleccionarios .
Mientras el enemigo viral real avanzaba, cruzando las fronteras ideológicas, los límites geográficos nacionales y provinciales, crecía el desconcierto; así como la urgencia de científicos, personal de salud, seguridad y funcionarios públicos, quienes arriesgaban sus vidas trabajando a destajo. En medio de la tragedia, habiendo un poder ejecutivo en alza y con alto grado de aprobación por parte de la ciudadanía durante los primeros y más importantes meses de la contingencia de salud pública, los señores del colmillo afilado se lanzaron a deconstruir la imagen positiva presidencial, siendo en junio de 2020 cuando se activaron con descaro sus típicas actitudes de carroña mediática opositora, con el objetivo de violentar la gobernabilidad.
Gobernabilidad fundamental y necesaria para poder conducir el comportamiento social hacia buen puerto y lograr contener el avance de contagios y el numero de muertos, anteponiendo la vida por delante de la economía, concepto biopolítico que enaltece la humanidad de una sociedad.
Contra estos conceptos atentaron los crápulas de siempre, impulsando el malestar social. Con intención deliberada, fogonearon el conflicto en calle contra todos los protocolos del planteta; y volvieron a la carga con los incendios intencionales, otro factor común actual visto ya en 2008. Aprovechando el rio revuelto, provocaron el avance de la frontera agrícola ganadera sobre el ecosistema Espinal Pampeano y el Chaco. A punta de clones de soja del país agroexportador, promovieron y profundizaron el conflicto con Vicentin, mecanismo de estafa a productores y cooperativas, y herramienta de contrabando de volúmenes exportables, aprovechando la desaparición de los mecanismos de control de producción agroexportadora de granos y cereales, la cual perpetraron durante la plaga que asoló al país durante cuatro años.
Mientras Europa, hoy espejito de color de las vanidades de la actual oposición, vuelve a la cuarentena, este virus de precisas características sindémicas se conjuga con enfermedades prexistentes. Se diría que tiene avidez por la debilidad, dado que elimina principalmente a adultos mayores, enfermos crónicos y millones que deben vivir en los márgenes del sistema, sin acceso a condiciones mínimas de atención en salud, agua potable y alimentos. Esto nos obliga a reflexionar sobre las posibilidades de mutación de este virus, producto del hacinamiento (ese fenómeno concentracionario humano en grandes urbes), producto de la concentración de la tierra y sus producciones intensivas de animales y cultivos), y la contaminación agroquímica causada por pesticidas y herbicidas. La toxicicidad y el hacinamiento urbano en nuestro planeta, producto de la superpoblación, nos afecta a la vez que enferma a la naturaleza toda, sin discriminar microscópicamente.
Esta especie de selección artificial darwiniana, que afecta biológica, económica y culturalmente hoy al planeta, nos obliga entonces a reflexionar sobre la depredación de la madre naturaleza, la concentración de la riqueza, la propiedad, la tenencia y el uso de la tierra, y la superpoblación en ciudades. También nos obliga a pensar en la contaminación informativa perversa y desconsiderada, ejecutada irresponsablemente por los medios concentrados y hegemónicos, así como en la letalidad de las consecuencias de dichos factores en la salud pública.
Una marea de insensibilidad, ausencia de empatía hacia la vida natural y climática, en una humanidad que parece estar jaqueada por un virus invisible, selectivo, poco menos que fascista, no implementado por los laboratorios, sino por las usinas de pensamiento e ideas que conciben limpiar, purificar y homogeneizar contra la diversidad y la salud del planeta todo. Actitudes claramente manifiestas por la asepsia neoliberal.
