País
¿Qué hay detrás de la comedia de este miércoles?
El Gobierno avisó que el informe de gestión será para “alquilar balcones”. Hay garantía de escándalo, aunque el recurso de revolear carpetazos y chicanas ya se probó inútil. El plan B del círculo rojo y el fiasco de Gebel.
Por Eduardo Aliverti/PÁGINA 12
Javier Milei no sólo ratificó su respaldo absoluto a Manuel Adorno, en medio de una cantidad de denuncias, declaraciones judiciales, sospechas y personajes bizarros cuya suma ya es difícil procesar. Además, lo acompañará al Congreso en su comparecencia del próximo miércoles. La noticia tiene un plano episódico, pero también otros de mayor profundidad.
Lo inmediato y quizás insólito, aunque con este Gobierno se complique diferenciar entre juegos de poder y llanas ridiculeces, fue advertido por uno de los miembros más expuestos del Clan Menem que, virtualmente, ocupa todos los espacios del poder institucional. O del poder a secas. Martín, presidente de la Cámara de Diputados, dijo que “hay que preparar pochoclos”. Imposible desmentirlo.
La parte politizada del país y el mundo del espectáculo se disponen para un sainete de gran magnitud, con tanto de impredecible como de eventualmente pedagógico.
Hay garantía de escándalo y hasta puede suceder que ya tengan listo el retiro (del recinto) del jefe de Gabinete, a la primera de cambio. El viejo ardid de que a un elefante se lo oculta rodeándolo con otros paquidermos.
Hace unas semanas, a algún genio de Casa Rosada se le ocurrió que lo más apto sería un Adorno desplegando carpetazos sobre legisladores de la oposición. El propio implicado lo intentó a través de unos posteos, sembrando intrigas respecto de cómo se financió la reducida comitiva que acompañó a Axel Kicillof en su viaje a Madrid.
Ese conato oficial de contraataque en las redes fracasó de manera rotunda. No se prendieron ni los loros oficialistas, porque saben que no es por ahí.
Si procuran enfrentar al gobernador bonaerense embrollándolo en imputaciones de corruptelas, mejor que examinen por otro lado. Podrían ensayar dudas sobre su capacidad de liderazgo. O en torno a cómo se las arreglará para poner orden en el segmento fratricida de la interna peronista. No en hacerlo sospechoso de infracciones pecuniarias, personales o de su equipo.
Para percudir a Kicillof ya está -y de sobra- el fuego amigo que, en algunos casos, se transformó en obsesión destructiva. En una mentalidad sectaria con dosis similares de nulo volumen constructivo y alto contenido de daño.
Lo más probable de la presentación de Adorno ante el Congreso es ese carácter de comedia chicanera, para redundar en otra vieja y nunca bien ponderada estratagema de distracción: “Los políticos son todos iguales”. Nada más político que esa frivolidad descriptiva.
Dicha semejante obviedad, o no tanto, siempre corresponde reparar en cómo un colectivo -social, sectorial, del tipo que se quiera- puede ser capaz de comprarse engaños. Trampas. Buzones, se decía otrora.
Es así por creérselos o por necesitar hacerlo. Nada distinto a lo que le acontece a cualquier individuo, frente a determinadas circunstancias. En política funciona de la misma forma.
Un outsider como Milei, cierto que finalmente muy relativo porque acabó contando con el apoyo de todas las grandes ligas del poder empresarial, se coló por la bronca y resignación generalizadas del pueblo.
Al margen de los delirios festejados por sus mascotas mediáticas, como la dolarización o la dinamita en el Banco Central, no es justo señalar que no cumplió sus promesas orientativas.
Dijo textualmente que era un topo elegido para demoler al Estado desde adentro. Una barrabasada que no resiste manual de ninguna índole, del marxismo al liberalismo, porque el Estado jamás desaparece. Jamás. Actúa, en más o en menos, a favor de los intereses de este objetivo o de este otro.
Excepción hecha del terrorismo estatal para imponer un modelo económico que aún hoy persiste en varios rasgos, una parte significativa y decisoria de los argentinos votó este experimento inédito. En el balotaje, en las elecciones de medio término así haya sido por la extorsión de Trump, en la concurrencia a las urnas o en la abstención (tema, este último, que da para que algunos apurados y cráneos de la sociología electoral revisen sus criterios. ¿De dónde extraen que la proporción creciente de quienes no van a votar son una fuerza ideológica o políticamente distinta a la de aquellos que sí asisten?).
Para sustituir al modelo ése se requiere mucho más que indignarse o divertirse con las andanzas de Adorno, prestas este miércoles al show parlamentario. Otra obviedad que no lo sería tanto.
Los Hermanos y sus patronales enfrentan ese “peor momento” que se acentuó esta semana. Casi todo dato que se tome -caída de la actividad industrial y comercial según cifras oficiales, cierres y quiebras de empresas y grupos, endeudamientos familiares por doquier para alimentarse- continúa revelando el clima crecientemente adverso al Gobierno.
Sumado, el mismísimo Paolo Rocca le solicita a Mauricio Macri que los extintos cambiemitas resuciten porque se necesita una opción “racional”.
Lógico. Se entienden muy bien entre quienes saben atender desde los dos lados del mostrador. Contratistas del Estado que en la cumbre de sus falacias discursivas vienen a achicarlo o derruirlo, pero nunca hasta el límite de que perjudique sus negocios y negociados.
Un renovado desafío ante la pregunta eterna que se potencia frente a las propuestas que surgieran de cara al año próximo. ¿La política conducirá al capital, siquiera para regularlo? ¿O volverá ser al revés?
Y, claro, no por casualidad aparece en el escenario el predicador Dante Gebel.
Los encuestólogos ya están midiendo a este chanta inconmensurable, que no puede responder si le gusta más el helado de chocolate o el de dulce de leche pero al que, después de Milei elegido Presidente, no cabe subestimar. Podría no alcanzarle para intervenir en la disputa eleccionaria central.
Sí podría bastarle para hacer baza entre votos susceptibles de tener origen peronista, libertarista, tilingo, embroncado, jodón y siguen los adjetivos.
A propósito. ¿Por qué un sujeto como éste es entrevistado a, digamos, derecha e izquierda? ¿Qué blasones, qué estructura, qué proyección exhibe para lograr eso?
De acuerdo con la totalidad encuestológica, Gebel tiene alrededor de un 60 por ciento de desconocimiento popular. Sin perjuicio de eso, algunos encuestadores ya lo miran con cariño. Y previenen que falta mucho para las elecciones, aunque por el momento “no mida”.
¿Cómo es? ¿La necesidad de impacto a costa de lo que viniere lleva a registrar o promocionar como presidenciable a este chamán de Disneylandia, de acuerdo con la (muy) precisa definición del colega Sebastián Lacunza? ¿Estamos hablando de interés periodístico, de auspicios bajo cuerda o de penetraciones accionarias y non sanctas en los medios que le dan cabida? ¿De dónde lo sacaron? O, más adecuado, ¿por qué lo ponen?
Se diría asimismo que estas son las cosas del desconcierto político prácticamente absoluto. Inclusive, contemplando que están las positivas o desafiantes para bien. Algunas, ya citadas, son las que expresan esas minorías intensas del ámbito universitario, del educativo en lo global aunque parezca todo lo contrario, de los sueltos en general. Piberío, y no solamente, que refresca esperanzas.
Otras, tal vez, como la demostrada hace unos días en Plaza de Mayo, con el cura DJ que hizo un “recital” de mensaje solidario anclado en el discurso del Papa argentino. Había gente que no entendía muy bien a dónde iba, sí. Y otra que recogió el sentido de la convocatoria. Hubo de todo.
Decenas de miles de jóvenes que los medios ignoraron o cubrieron a desgano, porque no terminan de asimilar que hay fenómenos nuevos -o potenciales- que descubren tarde. Nuevas formas de identificación que, cabría especular, persiguen algo más específico, o con pinta de tal, o más integrador, que depender de oligarcas tecno-feudales en comando de sus pantallas del celu. Una búsqueda de que algo o alguien representen mejor lo insatisfecho.
Aspectos como ésos quedan lejísimos del circo al que, apenas para ejemplificar, asistiremos el miércoles que viene.
Habría que (comenzar a) hurgar por fuera de las obviedades explícitas o disimuladas. Ya aburren.
